No diré mucho, pero si no conociera la idiosincrasia de nuestra tierra, esa que comparto con el resto de canarios en sangre y en vena, tal vez no desconfiaría del pasado incendio cerca de la zona de Anaga, en Tenerife. Y es que, casualmente, este fin de semana empezaba la temporada de cacería (aunque se ha pospuesto a causa de las altas temperaturas y el riesgo de nuevos incendios).
Y recuerdo una conversación, hace un par de años, con unos cazadores en la zona de Fasnia y sus beligerantes quejas sobre lo "alta" que estaba la hierba y el panasco seco. Que en esas condiciones no se puede cazar o que el conejo y la perdiz se agazapan y no se ve nada. Ahí averigüe que los incendios en zonas de medianías, de fincas abandonadas y huertas llenas de hierba seca, suelen ocurrir, casualmente, un poco antes del inicio de temporada de caza.
Y hoy el incendio de Fuencaliente. El Alcalde del municipio palmero está ahora mismo hablando en la Televisión Canaria y su testimonio es espeluznante. En los últimos años se está dando un curioso caso en las islas. La agricultura ha desaparecido de nuestro territorio. Territorio que durante generaciones fue transformado para la explotación de subsistencia. Dado nuestro carácter volcánico nuestro paisaje está plagado de montañas y barrancos que han tomado forma de terrazas. Décadas atrás teníamos grandes extensiones de minifundismo en las medianías de nuestras islas. Pequeñas huertas, limpias y atendidas, cultivadas, que difícilmente servían de propagación de incendios en estas zonas.
Sin embargo hoy, tenemos ese mismo territorio, abandonado. Una política monocultivista, centrada en un turismo masivo e invasivo, ha provocado una falta de renovación generacional en la agricultura. Hoy, huertas aterrazadas y fincas están en estado de abandono. Los Ayuntamientos, como el de San Cristobal de La Laguna, gastan dinero en la publicación de bandos amenazantes recordando a los propietarios la obligación de mantener sus terrenos limpios, pero esto no ocurre. En muchos casos porque el propietario ni tan siquiera vive y sus herederos residen en la capital, trabajando en el sector servicios o en el sector público.
Y ocurre lo que tiene que ocurrir. Que los incendios en medianías hoy, en Canarias, son terriblemente peligrosos, invaden zonas habitadas (que han ido ocupando esas medianías abandonadas) y llegan hasta las puertas de las casas. Los vecinos deben huir de sus viviendas y el desastre aterriza sobre cualquier pueblo que lamentablemente se vea sometido a esta catástrofe. Ocurrió en 2007 en los barrios altos de Icod, en Tenerife, o en varios municipios de Gran Canaria. Toca hoy, desgraciadamente, a Fuencaliente. El patrón se repite.
Ahora me remitiré a un rumor del incendio de 2007. Se dijo que se sospecha claramente quién provocó el último gran incendio de la isla de Tenerife, pero que no habían pruebas y que la Guardia Civil no podía actuar. ¿Volverá a suceder en Fuencaliente? ¿Se demostrará que fue provocado? ¿Y si se vuelve "a sospechar" pero nuevamente "no hay pruebas"? ¿Qué debería hacer el pueblo? ¿La ciudadanía?
¿Qué barrio será el siguiente?
(Fotografía EFE. Fuente: El Confidencial.)


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